Mostrando entradas con la etiqueta Marco Barada. Mostrar todas las entradas

HER: puro amor

By : El día del Espectador


           El mundo avanza muy deprisa. La tecnología se centra cada vez más en el mejorar las relaciones humanas y por tanto surgen ciertas cuestiones éticas que no se pueden ignorar. La serie británica Black Mirror es el gran referente de las desviaciones que podrían tomar los avances tecnológicos en el futuro cercano, abordando los temas siempre desde una óptica oscura y pesimista. Pero también hay lugar para una reflexión menos catastrofista, como es el caso de una joya del cine moderno: Her de Spike Jonze. La premisa, que bien podría pertenecer a un filme de serie B de hace algunos años, se resume en la siguiente idea: un hombre se enamora de una inteligencia artificial.

Theodore conoce a Samantha, su Sistema Operativo.
       Tan simple premisa sin embargo es capaz de abrir un abanico infinito de posibilidades, tanto narrativas como éticas. Jonze, que por primera vez dirige un guión escrito en solitario, se centra en la autenticidad de los sentimientos, plantea si las emociones pueden ser genuinas y cuál es el mismo concepto de realidad. Samantha (Scarlett Johansson), el sistema operativo del que Theodore (Joaquin Phoenix) se enamora, no existe en el mundo real, no tiene cuerpo, solo existe como impulsos eléctricos. ¿Significa eso que no existe? ¿Qué los sentimientos que provoca en Theodore son falsos? Nada más lejos de la realidad: Theodore y Samantha se aman, se necesitan, se complementan. La película indaga en cuán importante es el “otro”, si se necesita su presencia, si sentirnos abrazados por las noches o tener sexo es imprescindible para una relación o si ese mismo sentimiento se puede transmitir de otras maneras. Spike Jonze reduce una relación a lo esencial: dos personas que quieren conocerse la una a la otra. No se necesitan cuerpos, no se necesita nada más que el deseo de saber del otro, de sentir que no estamos solos en el mundo.

Joaquín Phoenix es pura sensibilidad.
       Porque los protagonistas de Her son dos personas solitarias, que están en una búsqueda continua de lo que los hace ellos mismos. Theodore no ha superado la separación de su mujer, su vida está estancada por lo que no puede ni avanzar ni retroceder: está en un limbo emocional. En cuanto a Samantha, su descubrimiento del mundo, su entusiasmo por conocer más y más contrasta con un comprensible complejo: la falta de cuerpo. Al igual que Theodore, se encuentra en un limbo, pero en este caso es virtual, lo que le proporciona una visión del mundo única. Esta soledad es la que propicia su unión: juntos evolucionan, conocen al otro pero sobre todo a sí mismos. Porque las relaciones humanas sirven entre otras cosas para saber más de uno mismo, para intentar comprender mejor el mundo.

El diseño de producción de Her es absolutamente impecable, con una estética muy reconocible y agradable.
           Her es un filme increíblemente sensible y humano. Gracias a un impecable guión y una siempre deslumbrante interpretación de Joaquin Phoenix, Spike Jonze proporciona al espectador un amplísimo catálogo de emociones que van desde la depresión, el miedo o la rabia hasta la ilusión, la alegría y la plenitud. De especial interés son las interpretaciones de Joaquin Phoenix y de Scarlett Johansson. El actor puertorriqueño construye un personaje tan desgarradoramente humano que enternece al espectador en prácticamente cada plano. La verdad del personaje es absoluta y no hay ni un solo resquicio en su interpretación. En cuanto a Johansson, la volubilidad de su voz, la infinidad de matices que puede imprimir a su forma de hablar permiten que el espectador no eche en falta su presencia en pantalla, que sería absolutamente innecesaria. Su interpretación fue recompensada con el premio a la Mejor Actriz en el último Festival de Roma.

         Y por último, el gran elemento que ayuda a Jonze a construir esa atmósfera tan característica es una marcadísima y agradable estética. Con una paleta de colores suaves y lavados salpicada de intensos tonos rojizos, el diseño de producción nos sumerge en ambiente pausado, tranquilo, extremadamente agradable. Esto, sumado a la banda sonora de Arcade Fire, conforma una estética coherente consigo misma y muy original.

Los Ángeles dentro de un futuro cercano, donde vive Theodore Twombly
            Sin duda Her es una de las películas del año y esperemos que su influencia dure más allá del 2014. Porque deberíamos preguntarnos: ¿seguirá siendo tan evocadora dentro de 30 años? Absolutamente, porque su discurso es universal y puede entenderse sin importar el contexto en el que se vea. Gracias señor Jonze.

NOTA: 9

A PEOR o el arte de contar una historia en tres minutos

By : El día del Espectador

          De la más que prometedora cantera de nuevos realizadores que es la Escuela de Cine de Madrid (ECAM) nos llega el corto A peor , dirigido por el siempre interesante Carlos Fuentes Navajo y dentro del marco del festival online Notodofilmfest. ¿Qué es lo más raro que podría ocurrirte al llevarte a casa a un tipo al que acabas de conocer? Esta extraña situación es la que se le plantea a Sara el día de su cumpleaños en este divertido cortometraje de apenas 3:26 minutos que destaca por un reparto sobresaliente.

              Tanto Virginia Rodríguez como Carles Cuevas imprimen un ritmo y una verdad a los personajes carente en la mayoría de los cortometrajes de tan corta duración. Y es que su gran mérito es saber convertir en emociones, pero sobre todo en humor, las palabras escritas por Navajo, cuya faceta de guionista no tiene nada que envidiar a la de realizador. 

           ¡Y no podemos decir más porque entonces se desvela el pastel! En resumen, un corto sencillo cuyos grandes valores son el guión y las interpretaciones. Sin duda una de las grandes apuestas en esta edición del famoso festival online. Y, ahora sí, podéis disfrutar del corto en este enlace. ¡Enhorabuena!

LA LEGO PELÍCULA: oda a la posmodernidad

By : El día del Espectador


        “¡Todo es fabuloso!”. Así podría resumirse la última gran película de animación: La Lego película. Lego lleva años expandiendo su universo de bloques hacia el mundo del videojuego con resultados más que aceptables y por fin se ha decidido a dar el salto a la gran pantalla. De la mano de Phil Lord y Chris Miller, directores de Lluvia de albóndigas (2009), llega una película deliciosamente excesiva y plagada de referencias a la cultura popular hasta límites insospechados. La Lego película es sin duda una de las grandes esperanzas de la animación de este 2014 y seguro que va a dar que hablar.

Emmet (Chris Pratt) y Supercool (Elizabeth Banks) tendrán que evitar el fin del mundo Lego.
            Y es que la gran baza de este branded content (película hecha a partir de una marca) es transmitir la filosofía Lego que todo aquel que haya jugado conoce: la imaginación no tiene límites. Con una de las animaciones más caóticas y excesivas de los últimos años, la película cuenta la historia de Emmett, un sencillo obrero que un día descubre que es el elegido por una antigua profecía para impedir el fin del mundo. El argumento, de sobra conocido en el cine de animación (véase ¡Rompe Ralph!, El Lorax, Cómo entrenar a tu dragón…), es lo de menos gracias a la agradable frescura del filme y a un humor descacharrante y muy gamberro. La clave es sin duda ese espíritu de mestizaje tan propio de Lego que se traduce en mezclar en una misma historia a Batman, Gandalf, Dumbledore, Shaquille O’Neal, William Shakespeare, Abraham Lincoln, Lando Calrissian y muchos otros. ¿A quién se le podría ocurrir semejante popurrí de personajes? El guión es de los mejores en animación y recuerda mucho a Toy Story (John Lasseter, 1995) aunque con una voz propia y con una enorme capacidad de autoparodia. Es realmente genial y refrescante ver cómo Batman se cree más de lo que es, como Lando Calrissian intenta ligar con la protagonista así como ver a Abraham Lincoln alejándose en su sillón volador.

Algunos de los personajes principales del filme.
           Lo que más grande hace a La Lego película es su arrolladora espíritu de reutilización. Siguiendo al pie de la letra el espíritu de Lego de coger piezas de distintas partes y crear algo nuevo, los guionistas han mezclado todo lo que han podido. Las referencias son casi infinitas: Star Wars, Batman, Superman, El señor de los anillos, Harry Potter así como muchas otras más difíciles de identificar pero que recuerdan mucho a otras películas. Toda la película es una mezcolanza de géneros cinematográficos pasados por el filtro de la parodia más sui géneris. Su historia, su puesta en escena, sus personajes… Ni uno solo de estos elementos son nuevos, pero es la forma de combinarlos lo que la hace tan original. El mero hecho de contar una historia con muñecos de Lego es ya un gran éxito pero si a esto se le añade acción, drama, comedia, aventuras y amor con ese toque de humor tan desenfadado se obtiene un producto que bien vale la pena. La película es, por tanto, como un impresionante edificio perfectamente construido con piezas de distintos tamaños, formas y colores que se combinan de una forma totalmente armónica (e inesperada).

         Y ¿qué decir de esa gran animación? La Lego película optó por animar digitalmente las piezas de Lego en lugar de lanzarse a hacer un complicadísimo stop-motion. El resultado: una animación fotorrealista tan lograda que parece un verdadero stop-motion. Cada pieza y cada muñeco tiene una textura tan realista que uno no creería que se trata de animación digital. Sobre todo en los primeros planos de las caras se pueden notar las típicas muescas que todo Lego tiene, así como la forma en que la luz se refleja en sus superficies y en como se respetan las articulaciones de los personajes (al contrario que en los videojuegos de la marca danesa). Y uno de los grandes detalles, casi imperceptibles pero capaz de marcar la diferencia, son esas huellas dactilares que pueden apreciarse en algunas paredes o en el cuerpo de los protagonistas. Pero aparte del modelado de personajes y escenarios la animación propiamente dicha es de un grandísimo dinamismo, sobre todo por la enorme imaginación que destilan explosiones, humos y sobre todo líquidos. De lo mejor de la película.

¡EMMET!
      Cualquiera podría decir que hacer una película a partir de unos juguetes es una chorrada (y ya hay precedentes). Pero desde luego este es el caso contrario: un enorme anuncio de 100 minutos que no solo entretiene si no que enriquece. Sobresaliente.

NOTA: 9

        P.D.: el vídeo de abajo es un pequeño regalito con las tomas falsas de la película. ¡Descacharrante!



THE GRANDMASTER: Wong Kar-wai se lanza al kung fu

By : El día del Espectador


     Una de las características fundamentales que toda película debería tener es la universalidad. Toda historia, por simple o compleja que sea, debe poder ser entendida por cualquier espectador. Esto no implica de ninguna manera la simplificación, solo requiere un esfuerzo adicional a la hora de exponer los detalles de la trama. Con frecuencia se opta por distintos niveles narrativos en los que cada espectador capta unos temas u otros dependiendo de su preparación respecto a la obra. Pero en múltiples ocasiones las películas son como un túnel: solo se puede ver lo que hay delante y no se puede apreciar el contexto. Esto le ha sucedido a Wong Kar-wai con The Grandmaster, su particular retrato de la edad de oro de las artes marciales.

Tony Leung es Ip Man, gran luchador del sur de China.
    Supuesta biografía de Ip Man, el maestro de kung fu que enseñó a Bruce Lee, la película en realidad es un recorrido por la historia política china de la primera mitad del siglo XX. En medio de esta época convulsa, con el país dividido entre norte y sur y la guerra y posterior ocupación japonesa, Ip Man (Tony Leung) demuestra su poderío en las artes marciales frente a varios oponentes entre los cuales conocerá a la bella Gong Er (Ziyi Zhang). Se hace realmente difícil hacer una sinopsis de la película solo a partir del material fílmico, ya que la exposición del director hongkonés es farragosa. El espectador occidental no está en absoluto familiarizado con la historia china, con sus reivindicaciones autonómicas ni sus conflictos bélicos con Japón. Y aunque se intenta contextualizar mediante rótulos, la acción está tan fragmentada y los eventos se suceden de tal manera que se hace difícil saber cuán larga es cada elipsis. Uno no sabe si ha pasado una semana, un mes o diez años desde la escena anterior. Puede ser un problema de montaje pero aparentemente es un problema en la concepción del guión.

Ziyi Zhang es Gong Er, hija del gran maestro del norte.
       El otro problema es de enfoque. El filme se plantea desde el inicio como una biografía de Ip Man, de su designación como líder del kung fu en el sur y de su relación con Gong Er. Pero la narración se pierde en sí misma y explora de manera demasiado profunda a otros personajes supuestamente secundarios. Uno no sabe ya si está viendo la historia de Man, de Er o de toda China. A priori esto no debería ser un problema siempre y cuando Ip Man siga siendo el centro de la historia. Pero Wong se centra tanto en la peripecia vital de Er que nuestro supuesto protagonista desaparece durante la mitad de la película.

      Aparte de ser un filme de artes marciales, uno de sus grandes atractivos era estar dirigido por el esteta Wong Kar-wai. Reconocido y alabado por la gran calidad artística de películas como Deseando amar (2000) y 2046 (2004), su concepto del kung fu cinematográfico se aleja del particular estilo que le caracteriza. Ciertamente podemos encontrar cámaras lentas, primeros planos y música de cuerdas como suele ser habitual, pero el conjunto esta vez no llega a la altura de sus precedentes. El poderío visual del filme es innegable, como puede verse en su tráiler, pero recuerda mucho más a películas como Tigre y Dragón (Ang Lee, 2000) o Matrix (Andy y Lana Wachowski, 1999). El problema se presenta cuando se quiere mezclar Deseando amar con Matrix: no funciona. Es difícil que lo haga a nivel visual y temático, pero también en términos de público objetivo: no es el mismo el espectador de acción que el lírico.


          Por último, es indignante como se invoca el nombre de Bruce Lee para promocionar la película. Su presencia en esta historia se limita a una simple cita justo antes de los créditos finales y aun así en todo material promocional se le nombra: “descubre la leyenda del maestro de Bruce Lee”. Se mercantiliza el nombre del luchador a la primera de cambio de forma muy engañosa. Resumiendo: para fans de las artes marciales puede resultar una película extraña y no del todo satisfactoria; y para fans de Wong Kar-wai, que no se esperen la gran poesía y la sugerencia típicas en él. Decepcionante e inconexa.


NOTA: 6

NYMPHOMANIAC VOL. I: ¿una historia moral?

By : El día del Espectador


        Puede que no sea la persona más agradable del cine europeo. Puede ser agresivo, provocador y ¿hitleriano? Puede ser y no ser muchas cosas, pero Lars Von Trier sabe hacer cine. El que escribe estas palabras nunca se ha declarado fan del danés sobre todo tras películas como Anticristo (2009), pero la destreza que demuestra con Nymphomaniac Vol. I es inimitable.

Es difícil que alguien sea capaz de callar a Von Trier.
       Arrastrando una poderosa polémica que rara vez en su carrera ha llegado a tan altas cotas (solo con aquella desafortunada frase en el Festival de Cannes en 2011), las peripecias vitales de una auto diagnosticada ninfómana sorprenden gratamente por la cantidad de registros explorados. El hilo conductor de todo es el binomio Charlotte Gainsbourg-Stellan Skarsgård, la cara y la cruz en cuanto a moralidad se refiere. Gainsbourg representa la rancia moralidad de la sociedad contemporánea, contaminada inevitablemente por la concepción judeo-cristiana del pecado. Skarsgård en cambio es la liberación, la falta de juicios personales y la incitación a buscar el placer. Estas dos fuerzas opuestas se comunican y se entrelazan como el ying y el yang en Nymphomaniac, complementándose y apoyándose el uno al otra. El propósito de la película es posicionar al espectador ante la ética de Joe, la protagonista, y forzarle a realizar su propio juicio de valor. ¿Estoy de acuerdo con su comportamiento? ¿Qué precio tiene perseguir el placer por el placer? Ya lo avisa Von Trier por boca de su protagonista al principio de su historia: va a ser larga y moral.

Joe (Stacy Martin) y su amiga B (Sophie Kennedy) fundan una sociedad para tener sexo libremente.

     Pero realmente hace que la película valga la pena es la plasticidad de sus materiales. Nymphomaniac es un filme posmoderno en el sentido en que utiliza y reutiliza recursos preexistentes. Por un lado utiliza imágenes de archivo como analogías (véase esa formidable metáfora de la pesca), cambia las texturas y los colores para cada época distinta y, lo mejor de la película, esas sobreimpresiones. Las imágenes no se limitan a la realidad fílmica, van más allá desgranando temas tan aparentemente ajenos a la ninfomanía como la serie de Fibonacci o donde van a parar los mejores peces en un río. Se puede calificar a Lars Von Trier como un Quentin Tarantino danés por la volubilidad de sus imágenes y por su capacidad para dotar de polisemia a material aparentemente unidireccional. En ese sentido la película ya vale la pena.

Joe y B son dos jovencitas que buscan sexo rápido en un tren.
       Y al contrario de lo que el hype indicaba, el sexo explícito no es ni tan explícito ni tan abundante como cabría esperar. Efectivamente hay penes, vaginas, tetas, culos y fluidos varios, pero están simple y llanamente al servicio de la narración. Si se hace una película sobre una persona adicta al sexo hay que mostrar sexo. Y ya lo hizo antes Steve McQueen con Shame (2011), aunque en menor grado. Pero es que Nymphomaniac Vol. I sabe combinar con bastante acierto la comedia y el drama. Hay momentos realmente cómicos (aunque, si se piensa, profundamente dramáticos) como la intervención de Uma Thurman y otros desgarradores como la escena final con Christian Slater. Pero por encima de todo estamos ante una película muy efectiva (y sí, puede que efectista) que logra su objetivo primaldial más que de sobra: incomodar al espectador y hacerle reflexionar.

¿Que se puede estar limpiando Joe en este plano?
     El único problema de una película bastante redonda se debe a las leyes del mercado. El corte original de Lars Von Trier tenía una duración de 5 horas (!) pero para los exhibidores sería una ruina proyectar una película de esa duración, ya que mataría completamente el sistema de tres pases al día por el que se rige. ¿Solución? Coger un hacha y cortar la película en dos partes, “volúmenes” como se les ha llamado. Eso sí, Von Trier no ha participado en esos cortes a pesar de haber dado su visto bueno. Simplemente se ha mantenido discretamente al margen. Pero cuando Nymphomaniac Vol. I acaba uno se queda con ganas de Nymphomaniac Vol. II.

         Con todo, en realidad no se deberían valorar ambos filmes por separado. Kill Bill (2003-2004, Quentin Tarantino) no se concibió como dos películas independientes. Son el mismo relato partido en dos por cuestiones de formato. Nymphomaniac es igual: hasta que no esté completa no se podrá valorar en su totalidad. Hasta entonces, habrá que darse placer con el primer volumen.

NOTA: 8

- Copyright © El Día del Espectador - Date A Live - Powered by Blogger - Designed by Johanes Djogan -