Hace 5 semanas
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TRUE DETECTIVE: LOS ÁRBOLES NOS IMPIDEN VER EL BOSQUE
By : El día del Espectador
ÁLVARO TEJERO
True Detective lo tenía todo para ser una gran serie: el actor del
momento (con esto no quiero dejar de lado a Woody Harrelson), unos avances
misteriosos y espectaculares, un único guionista y un solo director para los 8
capítulos, la marca HBO y unas críticas soberbias desde su primer capítulo. Esa
es la sensación general que ha quedado, ayudado con una campaña de seguimiento
y ensalzamiento en las redes sociales brutal, a pesar de que en opinión de
quién escribe el último capítulo es un desastre que termina acentuando los
errores de los capítulos previos y destruyendo sus anteriores aciertos.
Primero
hay que hablar del enorme hype que ha creado convirtiéndose semana a semana en
un acontecimiento de obligado visionado para no quedarse aislado. True Detective ha aparecido en el
momento perfecto, en medio del vacío que había dejado Breaking Bad. Era necesaria otra serie que ocupara su lugar como
centro de atención y locura seriéfila;
lo que unido a la desesperación de HBO por encontrar otro producto que la
situara en la élite cultural del momento (Juego de Tronos no es eso, Treme es
para una minoría y Boardwalk Empire nunca ha conseguido los resultados
esperados por la cadena) han provocado el boom inmediato de la serie.
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| Mathew ganará el Emmyy el Globo de Oro sin ninguna duda |
Además,
su estreno ha coincidido con unas fechas en las que las series de las que más
se habla estaban descansando por lo que ha sido abrazada con locura por todos
los medios y analistas de series. La única que podía hacerle frente en estos
momentos era House of Cards, pero la
táctica de emisión de Netflix (todos los capítulos disponibles de golpe) le ha
perjudicado mediáticamente en está ocasión a pesar de subir ampliamente su
nivel. Así, True Detective ha
desmontado la creciente idea de que la emisión de series de manera semanal
estaba acabada ya que de otra manera no habría conseguido la popularidad
alcanzada al lograr convertirse en un evento.
Pasemos
a la serie en sí. La serie creada por Nic Pizzolatto se presentó en su primer
capítulo como una historia sobre la investigación de un asesino en serie ritual
de jóvenes mujeres por medio de dos detectives totalmente antagónicos capaces
de mantener conversaciones metafísicas y discutir sobre nada más y nada menos
que el sentido de la humanidad y todos sus recovecos. De hecho, lo segundo es
la parte más importante de la serie y lo que ha terminado por hundirla. Todo
esto mezclando dos tiempos narrativos: conocemos el pasado por lo que nos
cuentan en el presente.
Una
atmósfera agobiante (pero no tanto como se pretende), los pegajosos escenarios
de Louisiana ejerciendo de personajes, una fotografía espectacular, actuaciones
magnéticas y profundas, una dirección con pretensiones (habitual en Fukunaga),
un diseño de producción acojonante y sobre todo una selección musical a cargo
de T Bone Burnett sencillamente perfecta que culmina con la canción de los increíbles
títulos de crédito iniciales. A esto le unimos momentos enigmáticos, ligeras
críticas al fanatismo religioso, el desnudo de Alexandra Daddario y un plano
secuencia tan espectacular como artificial; y ya tenemos un coctel explosivo
que arrasará con todo.
Pero
yo no creo que esos elementos hagan una buena serie por si solos. Se necesita
una buena historia, un guión sólido (no confundir con grandes frases y
conversaciones grandilocuentes),un fondo que convierta esa forma en algo útil.
Algo que si hacía Texas Killing Fields,
película del 2011 que hablaba sobre estos crímenes que se dan en las zonas
pantanosas con mucha mayor solidez.
Ya
que True Detective quiere jugar en
las grandes ligas y se la observa como tal hay que analizarla igual. El caso,
misterio/crímen que presentan e investigan se va derrumbando con el paso de los
capítulos. No ya solo que no sea lo principal de la serie (esto no es en
absoluto negativo) ni que no le importe mucho a los creadores de la misma; el
principal problema es que termina resolviéndose de manera chapucera sin ahondar
en él, resuelto atropelladamente y lleno de casualidades que no se perdonarían
en cualquier otra producción.
Durante
los primeros capítulos juegan a despistar al espectador con 50 minutos
centrados en los personajes principales y teorías sobre el universo que
requerían toda tu atención para acabar en los últimos 5 con algún dato nuevo
que nos pilla en fuera de juego y aparenta hacer avanzar el caso. A esto se le
une momentos y frases como "the yellow king" o "carcosa",
que sí, molan mucho, referencias para que la gente se coma la cabeza pero que
no han tenido realmente ninguna fuerza o importancia en la resolución de la
trama.
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| Perfecta factura técnica |
SPOILERS a partir de aquí:
Si
bien los personajes de McConaughey y Harrelson están perfectamente construidos,
el primero termina convirtiéndose en un superpolicía (es el mejor en
homicidios, narcóticos, robos) y ambos acaban resolviendo el caso casi por
inspiración divina.
Y
llegamos por fin al desastroso último capítulo en el que el ritmo sosegado
anterior da paso a un atropello de los acontecimientos para resolver el caso
(el increíble recordatorio de Harrelson de la casa pintada de verde, la frase
lapidaria de Rust al llegar a la casa del asesino: "este es el sitio") en el que aparecen lo peor (esto hay que
saber hacerlo) de Jodorowsky y Moebius puesto de peyote para acabar viendo las
estrellas, voces de ultratumba y un enemigo de fuerza mitológica en una orgía
de excesos de todo tipo. Antes ya habíamos tenido que asistir a tonterías del
calibre del francotirador y lugares comunes como los paquetes preparados para
los medios de información.
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| Esta escena tuvo casi tanta repercusión como un capítulo entero |
Pero
esto no es lo peor, aun olvidando que no se ahonda en el asesino que no se nos
presenta al final del capítulo previo en un recurso impropio de una serie que
pretende ser tan inteligente (le habíamos visto en el capítulo 2 pero sin
mostrar cicatrices de forma clara), ni que Pizzolatto pase de las conexiones
con los altos cargos administrativos y centros de poder (muy valientes para
mostrar desnudos pero cobarde para meterse en temas de verdad escabrosos) o que
nos escamotea lo que pase en esa cinta que tanto perturba a los personajes. En
resumen, han resuelto el caso como si no conocieran la existencia de David
Fincher y como había cambiado ya las reglas del juego en Seven y Zodiac (dos películas que si te remueven por dentro)
Lo
peor es la cobardía final, ese inesperado happy
ending que traiciona la visión de los personajes (de Rusty Cohle
principalmente) e intenta ofrecer un rayo de luz después de 7 horas hablándonos
de la oscuridad del mundo y de la imposibilidad de salvación de las personas.
Cohle se salva milagrosamente, obtiene su redención personal (al final lo único
que quiere es unirse con su hija en el cielo aunque este sea oscuro en su caso,
no vayamos a abrazar la religión en este punto) y parece que se vaya a vivir
con Marty en una especie de Arma Letal
en Louisiana. Ahora resulta que la luz está ganando terreno a la oscuridad. Una
cobardía que no me esperaba de esta serie.
LA ESTÉTICA DE LA TELEVISIÓN: "CIUDADANO X"
By : El día del Espectador
HIMAR
R. AFONSO
Estamos
pasando por un momento de auge en la ficción televisiva, llegando a
equipararla al cine (“la
TV es el nuevo cine”). Tanto es así, que varios son los festivales
de televisión en los que, como el cine, se presentan los nuevos
trabajos de la temporada en pantallas gigantes. Estos nuevos eventos
tienen la ventaja del fenómeno fan, de colectivos ya vinculados al
pasado de esas nuevas temporadas de sus series favoritas.
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| El inspector Burakov: la perseverancia de la investigación |
Más
allá de esto, un debate que ha generado estas nuevas tendencias es
el de plantear si realmente
la ficción televisiva puede ser cine.
Ocurre mucho con las películas antiguas que vemos en nuestras casas:
siempre será preferible verlas en una sala de visionados con una
buena pantalla, porque son productos
creados para
la gran pantalla. Pero ¿una
serie? Diría que las series, no es solo que no sean para la gran
pantalla, sino que cada vez se consumen en soportes más pequeños.
Es innegable que han mejorado su nivel estético y narrativo, con
grandes realizaciones, pero la pregunta que surge tras la
finalización de estos festivales es: ¿se
aguanta un capítulo de una serie en la gran pantalla?
Estamos
hablando de estética, no de narrativa. Yo no he visto una serie en
una sala de cine, por lo que no puedo opinar; pero este debate es muy
sugerente para reflexionar sobre la estética de la televisión y su
valor. Parece que es un buen momento para hablar de un telefilme que
produjo la HBO en 1994 y dirigió Chris Gerolmo: Ciudadano
X.
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| El mal que se repite una y otra vez |
Diría
que esta obra refleja las
grandes virtudes que esconden las aparentes limitaciones estéticas y
narrativas de la televisión.
La obra nos cuenta la entonces reciente historia del asesino en serie
ruso Chikatilo (interpretado por el célebre y veterano Jeffrey
DeMunn), que se llevó a 52 víctimas antes de que las ineficaces
fuerzas del orden de la Unión Soviética lo capturase.
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| El Dr. Bukhanovsky como desatascador |
Narrativa
y estéticamente, es una película que jamás habría podido llegar
al cine, y me atrevería a
decir que nunca fue esa su intención. Las presentaciones de los
personajes son muy metódicas y directas y las transiciones son
claramente televisivas.
Aún
así, no pierde el gusto por el dramatismo y la composición
sugerente en ocasiones, generando escenas realmente sobrecogedoras y
espeluznantes; y a la vez, una gran preocupación por plasmar el paso
del tiempo con la intención de acceder a la angustia y la impotencia
de carecer de medios para acabar con la amenaza.
Siendo
una clara crítica al sistema policial soviético y reflexionando
sobre lo que se podría haber evitado, resulta
interesante la manera en que esos dos grandes personajes
interpretados por Stephen Rea y Donald Sutherland aprenden a jugar en
el medio burocrático y a
mover sus fichas en los momentos oportunos para poder alcanzar el
objetivo que por momentos no parece ser el mismo que el de los altos
mandos, preocupados por no desestabilizar el orden ni perjudicar la
imagen de la nación, algo que en nada se diferencia de Occidente.
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| Una pareja singular |
Volviendo
a la cuestión formal, parece bastante claro que la obra utiliza los
mecanismo televisivos para conseguir el mismo efecto emocional del
cine, permitiéndose incluso apariciones estelares como la del gran
Max Von Sydow, uno de tantos puntos de giro que renueva las fuerzas
para enfrentarse a ese asesino en serie que el público conoce y al
verdadero obstáculo personificado en el camarada Bondarchuk (Joss
Ackland), quien reformula el sentido del objetivo y el antagonista.
Un telefilme que muestra las
virtudes de la estética televisiva y sirve para posicionar el debate
sobre las posibilidades cinematográficas de la televisión;
porque la televisión tiene sus propios códigos de identidad.
True blood: los vampiros salen a la luz
By : El día del Espectador
NÉSTOR SÁNCHEZ
Actualmente vemos todo tipo de
criaturas paranormales deambulando entre nosotros, relacionándose con los humanos
como si fuera natural. Ya existen entre nosotros hombres lobo, fantasmas,
zombies, médiums, teriántropos… y vampiros, sobre todo vampiros. Como si de un
movimiento por defender derechos de elección sexual se tratase, millones de
chupasangres han salido a la “luz”. Desde que el vampiro por excelencia, Drácula,
fue creado por Bram Stoker, miles de ellos le siguieron. Pero fue éste el primero
que asentó las bases de lo que un vampiro debe y tiene que ser. Les puso unas
reglas que debían mantenerse, un modo de vida. Pero éstas reglas, hoy en día,
se han saltado un poco a la torera, no se respetan las bases iniciales de lo
que debe ser un vampiro, y por ello nos encontramos, por ejemplo: que pueden
caminar bajo la luz del sol, que brillan, que pueden entrar en casas como Pedro
por la suya, que pueden tener hijos (y eso que están muertos)… y así una
infinidad de tonterías. Por lo tanto, y ya centrándonos en lo que nos importa,
el mejor texto audiovisual, ya sea película o serie, que retrata como sería la
vida de los vampiros, hoy en día, es TRUE BLOOD

Al principio uno se puede
encontrar con una serie, lenta, de amor, en la que solo vemos el día a día de
unos habitantes, pero tranquilos, que ya vendrán todo tipo giros argumentales
que harán estallar tu cabeza. A medida que vas avanzando irás descubriendo
grandes secretos, te mostrarán como se organizan los vampiros, por cierto, es
una pasada. Pero más que toda la trama o todos los secretos, lo que hace de
esta serie algo más, algo de lo que sentirse orgulloso de que la veas, son los
pequeños detalles. Me explico: sabemos que la historia es hipotética, que puede
que ocurra o no, pero te ofrece esos detalles, que hacen que te la creas, que
pienses que si un día saliesen los vampiros, ocurriría tal y como nos lo
muestra. Algunos ejemplos son: la creación de sangre artificial, la creación de
un partido a favor de los vampiros, la división de las personas ante ellos,
creación de movimientos religiosos, grupos racistas contra seres paranormales…
y el más gracioso de todos, que Angelina Jolie adopte a un bebe vampiro. Cosa a parte, la serie está llena de escena de sexo, a cada cual más caliente, con unos cuerpos hechos para el pecado... no defraudan.










