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10 de los 20 en El Día del Espectador
By : El día del Espectador
EL DÍA DEL ESPECTADOR
Los felices años 20. Mientras Estados Unidos se las prometía felices en una década de bonanza económica y liberación social, la Europa de entreguerras trataba de recuperarse de las secuelas del primer conflicto bélico a escala mundial. Las vanguardias estaban en su apogeo con París como su epicentro y el arte avanzaba a pasos agigantados. En este variopinto contexto, el cine parece consolidarse como una nueva forma de expresión para algunos artistas europeos, pero también como una gran industria del entretenimiento por explotar al otro lado del Atlántico.
Los años 20 suponen para el séptimo arte su primer primer gran paso, convirtiéndose poco a poco en un medio cercano a la gente, en un soporte para contar historias y no tanto en una curiosidad de feria. Imágenes en movimiento, en blanco y negro y sin sonido hasta 1927 (o1926 según hallazgos de los últimos años), ése era el cine de los veinte. Pero también un joven formato que buscaba conocerse y conocer el mundo, en el que había miles de historias por contar, encuadres que hacer, personajes que mostrar, planos que encajar…
El cine de los años veinte era un joven prometedor con todo el mundo por delante.
En 1929, cuando la década acabado y la crisis se acercaba, los Hermanos Marx dieron el salto a la gran pantalla con su comedia musical “Los cuatros cocos”. Considerándose de las primeras adaptaciones de musical a cine. Pero no sólo es importante por ésto, sino que dio comienzo a la magnífica carrera cinematográfica de estos hermanos nacidos para el humor.
La trama nos lleva a Florida, a un hotel en bancarrota, con un director (Groucho) que no hace nada para remediarlo y unos huéspedes (Chico y Harpo) que se lo pondrán más difícil.
Claro está que no es la mejor de los Hermanos Marx, aun quedan unas pocas, para definen bien su humor, pero por algo tenían que empezar, ¿no? Por lo tanto 1929 se convierte en un año esencial para esta familia, la cual comienza su magnífico paso por delante de las cámaras haciendo reír al mundo entero con sus gags refinados y absurdos, al mismo tiempo. Algo único que nadie ha podido imitar.
Toda persona que haya estudiado cine o tenga algún profesor entendido del tema, le habrá obligado a ver esta película. Es un visionado obligatorio en todos los sentidos. Y mucha gente dirá que la ha visto sin haberlo hecho… pero ¿por qué es tan obligatoria?
Este film (y el movimiento cinematográfico que lo precede) creó las bases del montaje en el cine. Es decir, creo los puntos y las comas de este lenguaje audiovisual.
Sergéi Eisenstein nos dejó grabadas en nuestra retina e imaginario colectivo, escenas tan famosas como la de “las escaleras”. Escena repetida hasta la saciedad en todo film que se aprecie: “Los intocables de Eliot Ness”, “Los Simpsons”...
Sin duda esta película marcó un antes y después en la manera de contar las historias y creo referencias culturales muy marcadas, las cuales han sido repetidas hasta hoy en día.
Si hay algo reconocible de la era del cine mudo, es Chaplin; o Charlot, ya que difícil es separar al personaje del genio, y viceversa. Y en la década de los 20, son varios los títulos de importancia que dejó. Aquí nos decantamos por La quimera del oro, probablemente una de las comedias más importante de todos los tiempos. No solo el hecho de que la avaricia -y la fiebre del oro- sea un tema trascendental en la historia norteamericana -con diversas películas como testimonio, desde John Huston hasta Paul Thomas Anderson-, sino que la ironía y la burla que se percibe en la cinta de Chaplin, era tan avanzada en su tiempo como singular sigue siendo hoy en día. Una comedia única, brillante y perteneciente a ese “arte físico” que unos pocos elegidos sabían desarrollar, y que tenía mucho más de talento innato que de técnica. Simplemente con ver a Charlot comiéndose el zapato, entendemos lo inmenso que podía llegar a ser su cine.
Quizás la primera película de Ciencia-Ficción que entendió el potencial épico del género. La posibilidad de presentar un futuro apocalíptico como metáfora de una sociedad corrompida, la lucha de clases y la revolución social como única salida. Y llevada a cabo por el hijo del dueño de la ciudad... ¿quién, si no, debía ser el elegido? No puede entenderse la Ciencia-Ficción sin la obra del cineasta alemán, y no deja de ser sorprendente que en 1927 se plantearan relatos de esta potencia dramática, de esta carga social y de esta fuerza narrativa. Con la estética del expresionismo alemán, el trabajo de puesta en escena es embaucador, estilizado y plástico. Otra de esas grandes obras de arte que perduran en la historia por lo que fueron, pero sobre todo por su longevidad, por lo que siguen siendo.
Häxan es una de esas películas que a veces tristemente se olvidan cuando hablamos de clásicos del cine mudo y siempre es una tarea grata reivindicarla por ser un film totalmente valiente, fresco y original. Para empezar, estamos hablando de una delirante película de terror con toques de falso documental basado en un relato de inquisidores alemanes del siglo XV. Dividida en siete capítulos, se hará un repaso exhaustivo de lo que es la brujería y su violenta represión (mensaje que se puede extrapolar a otros colectivos) y lo hará con un virtuosismo hipnótico. Muchas de sus escenas se graban a fuego en la retina gracias a unos fascinante efectos especiales que te harán ver a un grupo de brujas volando, un pequeño demonio destrozando una puerta o una de las apariciones más icónicas del Maligno en el cine. La fuerza de las imágenes terroríficas del danés Benjamin Christensen está a medio camino entre las linternas mágicas fantasmagóricas y el cine de Dreyer o del posterior Bergman de El séptimo sello. Unas imágenes tan alucinantes que las películas se reestrenó con éxito en los 60, en pleno apogeo del LSD, con un remontaje con música de jazz y narrado por…¡William S. Burroughs!
En resumen, una visión de la brujería y el satanismo como pocas veces se ha visto en el cine, más próximo a las mejores obras de Kenneth Anger que del satanismo light que nos ofreció Rob Zombie en la simpática The Lords of Salem.
Vale que antes estaba Alice (raruna y deliciosa mezcla de animación e imagen real) y Oswald (personaje que desapareció cuando Disney perdió los derechos del personaje en favor de Charles Mintz), pero un ratón fue el origen como tal de un Imperio: el Imperio Disney. Eso sí, en contra de lo que muchos creen, no fue la primera aparición de Mickey y Minnie Mouse. Anteriormente, se produjeron dos cortometrajes con la pareja de ratones como protagonistas: Plane Crazy (1928) y Gallopin´ Gaucho (1929). El primero tuvo problemas con la distribución y el segundo fue estrenado después de Steamboat Willie. El cortometraje del barco de vapor, supuso todo un hito en la Historia del cine puesto que se trata del primer cortometraje animado que sincronizó imagen y sonido. La historia cuenta que Walt Disney y Ub Iwerks (el olvidado en toda la historia de la Disney) quedaron fascinaron tras ver El cantor de Jazz y querían repetir algo similar. Así nació este sublime hito de la animación cuyo nombre es una parodia de la comedia de Buster Keaton Steamboat Bill Jr. (1928).
Un corto en el que queda en el recuerdo la parte en el que un Mickey Mouse con mala leche, acompañado de Minnie, improvisan música con unos pobres animalitos en un momento slapstick que demuestra que una patada en el culo sigue siendo más divertida y atemporal que todos los juegos de palabras del mundo. Un cortometraje histórico que ingresó en 1998 en el National Film Registry.
Buster Keaton es el mejor comediante físico de todos los tiempos. Con un humor que no pasa de moda y ayudado por una época en la que no existían las reglas, los riesgos laborales en el cine y ser especialista era una profesión tan apasionante como mortal (ahí está el fantástico homenaje a esos héroes en The Fall, 2006).
En menos de una hora (para que se necesita más) Keaton nos contará con un ritmo frenético las andanzas de un joven obligado a casarse para obtener una herencia. Carreras, saltos, persecuciones, risas continuas y la salud física puesta en peligro en cada acrobacia. La prueba indeleble de lo atemporal del humor de Keaton es que sigue funcionando igual de bien hoy en día y no hay nada mejor para entretener a un niño durante una hora.
En el mismo año que El cantor de Jazz traía el sonido al cine se estrenaba Amanecer. Considerada por muchos como una de las grandes películas de la historia, la obra de Murnau muestra la perfección alcanzada por el cine mudo con una cantidad de registros obligados por la necesidad de contar únicamente con imágenes. Una preciosa historia de amor y pasiones de la que han bebido innumerables películas posteriores.
Poesía y lirismo en manos de unos de los maestros del expresionismo alemán, que demuestra aquí uno de los primeros ejemplos de lo que la industria norteamericana del cine consigue cuando une su enorme potencial a los mejores talentos europeos. Una colaboración que ha dado numerosos frutos a lo largo de la historia del cine y que se traduce en una sola palabra: arte.
En pleno auge en pintura y literatura, el movimiento expresionista encontró en Robert Wiene el perfecto traductor de ese sorprendente imaginario a imágenes en movimiento. Decorados que deforman el espacio escénico, interpretaciones histriónicas y dramáticas, un maquillaje casi pictórico y un formidable uso de la luz convierten a El gabinete del Dr. Caligari en el primero y máximo representante de un movimiento imprescindible de la cinematografía europea. La forma en que la realidad se deforma y toma tintes misteriosos, inquietantes y perversos altera la percepción del espectador, que se siente extraño pero morbosamente fascinado por ese universo. Nada es lo que parece y todo puede inducir a engaño. Por prácticamente vez primera una película abrió el debate sobre el cine como arte o entretenimiento. Y si el debate se abrió, solo significa una cosa: el cine es un arte al nivel de la pintura o la literatura. Si no, díganselo a Robert Wiene.
En una década marcada por un grandísimo deseo de abandonar préstamos de otras artes y encontrar un lenguaje puramente cinematográfico, Luis Buñuel y Salvador Dalí alumbraron una de las obras más polémicas y turbadoras que se han hecho: Un perro andaluz. En cierta ocasión, allá por 1929, Buñuel se reunió con su amigo Dalí para hacer una película. Su premisa al escribir el guión fue la siguiente: ninguna de las imágenes debe tener una explicación racional. Así, sugerencia tras sugerencia, entre los dos escribieron una “historia” (si es que lo es) plagada de hechos incomprensibles como burros descompuestos sobre pianos, manos amputadas en cajas y, sobre todo, ojos seccionados por navajas. La polémica fue instantánea y el éxito inevitable. Había nacido uno de los mayores cineastas de la historia. Y Un perro andaluz sería solo la primera de sus provocaciones.
Desde Buñuel hasta Disney, pasando por Buster Keaton o Fritz Lang, ese era el cine de los años veinte. Quizá las películas que hayamos elegido no sean las mejores, ni las más impescindibles, pero son las diez que hemos elegido porque tienen algo que las hace especiales, y referentes de su época. Otras muchas han quedado fuera, porque todo tiene que acabar en algún punto.
Lo que es evidente es que por ajeno que nos pueda resultar un cine de hace noventa años, uno puede reírse como lo haría alguien de hace un siglo con una película de Chaplin , estremecerse con el corte en el ojo de Un perro andaluz o sufrir con el carrito cayendo por las escaleras de El acorazado Potemkin, porque las obras maestras no tienen fecha de caducidad.
FORMAS DE ENFRENTARSE A LA NAVIDAD. Parte VI: Jumanji VS National Lampoon´s Christmas Vacation
By : El día del Espectador
NÉSTOR SÁNCHEZ & DIEGO REAL
Corriendo
por la ciudad mientras una estampida de
animales africanos te siguen como en JUMANJI
Ya
hemos visto de todo estas navidades, y esperemos estar curado de espanto… ¿o
no? ¿Qué pasaría si descubrieses un juego de mesa que trae a la vida todo lo
que el juego dice? Pues que estarías viendo Jumanji, una de las grandes
películas de los 90. Una película que la ponen siempre en la tele y si te la
cruzas mientras haces zapping, aunque este empezada, te quedas viéndola. Es muy
agradable de ver, te ríes, Robin Williams lo hace genial y te lo pasas como un
niño con sus aventuras.
Y
es que Jumanji no solo trata de
animales, estampidas y cazadores locos, sino de la relación entre un padre y un
hijo que no llega a consumarse: un niño que desaparece y nunca más vuelve a ver
a sus padres ni decirles “te quiero”… Joder… es que dan ganas hasta de llorar
:’(
¿No
os gustaría pasar así las fiestas de navidad? Corriendo en taparrabos por toda
la ciudad gritando “ESTAMPIDA” mientras una panda de animales te persigue… me
parece que en la noche de reyes voy a ir al Zoo… a ver si se cumplen mis
sueños.
Con una panda de anormales que además son tu familia como en NATIONAL
LAMPOON´S CHRISTMAS VACATION
Termina 2013 y, como
me temía, nadie se ha hecho eco del 30º Aniversario de la mítica saga National Lampoon´s Vacation. Pero
ya me lo temía, si se reivindica una comedia debe ser indie o sesuda, pues
bien, ese no es mi estilo y aquí aporto mi granito hablando de la tercera parte
de esta saga: National Lampoon´s Christmas
Vacation.
Otras vez repiten los
geniales la guapísima y graciosísima Berverly D´Angelo y, por supuesto, Chevy
Chase uno de los mejores actores de comedia. Muestra de ello es uno de sus
mejores personajes, Clark Griswold, un perfecto gilipollas tan asesinable como
divertido padre de una familia decadente
y perturbadora, siendo lo más cercano que estaremos jamás de ver una versión en
imagen real de Los Simpson o Padre de familia.
Con la excusa de la
Navidad, el film es una lección sobre tipos de humor: del juego de palabras (la
escena de la dependienta buenorra) hasta el puro slapstick (la escena de las
luces, al más puro estilo Harold Lloyd y el reloj). Incluso cuando parece que
va a caer en la típica escena dramática, de pronto pasa algo que hace que se te
caigan los huevos al suelo y no paras de reír. Por ilustrar esto, ese gag a
modo de mcguffin de las luces de navidad que no se encienden, una metáfora de
la búsqueda de un fracasado por pasar la festividad más superficial y perfecta
con su imperfecta familia.
Pero me cago en
todo, lo mejor es EDDIE, JODER siendo
repugnante y soez como delicioso. Inolvidable la escena en la que hablan de la
eyaculación de su perro mientras beben ponche de huevo. Eddie es el GRAN
personaje de la película, tanto es así que incluso existe un spin off/secuela
de esta película lanzada directamente a vídeo que tiene a Eddie como
protagonista.
Y ojo con los
personajes de los vecinos, tampoco están
por casualidad. Ahí está la pareja joven, atractiva, liberal triunfadora y SIN
HIJOS nunca será tan feliz como una familia imperfecta. Y que queréis que os
diga, la Navidad sin mensaje tremendamente conservador y tradicional es
inconcebible.
FORMAS DE ENFRENTARSE A LA NAVIDAD. Parte V: Un Padre en Apuros VS Solo en Casa
By : El día del Espectador
ÁLVARO TEJERO & HUGO MUGNAI
Buscando
un muñeco para tu jodido crío como en UN
PADRE EN APUROS
Está
comedia nominada al RAZZIE al mejor director (incomprendida por la crítica en
su momento) es una de las películas que mejor refleja la Navidad. Un ejercicio
de neorrealismo en clave de comedia protagonizado por Schwarzenegger del que
estaría orgulloso el mismísimo Rosellini.
Terminator
es aquí un ejecutivo tan ocupado con su trabajo que está a punto de perder a su
familia. Para conseguir mantener a su repelente hijo e impedir que su su vecino
rijoso se tire a su mujer mientras hacen galletitas, Conan el bárbaro iniciará una odisea propia de Homero para
encontrar la última figura de Turbo Man, el juguete de moda de esas navidades.
Su máximo rival será un cartero negro (el tema de la segregación racial está
presente) interpretado por Sinbad (como veis, la película está llena de guiños
a clásicos de la literatura como Homero o Las Mil y una Noches) con el que
formará un pareja heredera de los grandes del slapstick.
Por
el camino, escenas que suponen un golpe de realidad navideña: padres que dejan
hasta última hora las compras, la codicia de los empresario subiendo los
precios a última hora, las sucias peleas del ser humano en rebajas, enanos traficantes
o la invasión de renos en las casas.
Persecuciones,
risas, Schwarzenegger acusado de pedófilo en una escena y realidad, mucha
realidad: ¿qué padre no ha salido a comprar a una última hora ese juguete que
se le ha metido entre ceja y ceja al cabezota de su hijo?
Acaba
bien, por cierto. Una película para toda la familia.
La Navidad es esa época del año en la que estamos obligados a convivir durante unos cuantos días con montones de comida y nuestra familia al completo. Aunque igual no es la única opción como podemos ver en Sólo en Casa, una de las películas que marcó a más de una generación de niños que vieron, en la aventura de Kevin McCallister (el niño prodigio Macaulay Culkin), su sueño cumplido. Y es que en esta simpática comedia podemos conocer a los McCallister, para los que Kevin es el último mono, un pequeño liante que molesta más que otra cosa. Pero cuando Kevin se despierta al día siguiente descubre que el coñazo de su familia...ya no está.
Al parecer se han olvidado de despertarlo y se han ido a París sin él. Además, el teléfono no funciona, por lo que Kevin deberá apañárselas más sólo que Marco en el día de la madre durante toda la Navidad. Y la verdad es que Kevin está a la altura, y a sus ocho años se apaña mejor solo que la mayoría de los Erasmus: limpia, cocina, quita la nieva de la entrada...y se lo pasa teta. Pero la cosa se tuerce cuando aparecen dos ladrones de órdago: un desconocido Daniel Stern y nada más ni nada menos que el mismísimo Joe Pesci, que deja a un lado apuñalamientos con bolígrafos y palizas con bates para convertirse en un ladronzuelo bastante ridículo.
Clavos en los pies, electrocuciones, suelos resbaladizos y todo tipo de trampas convierten la acogedora casa de los McCallister en una ratonera de criminales, y a Kevin en el niño cabroncete que todos querrían ser. Además no hay mejor forma de bendecir una cena navideña que “Señor, bendice estos macarrones con queso calentados al microondas y a los que los han vendido? ¡Amén!”.















