Hace 5 semanas
Mostrando entradas con la etiqueta Himar Reyes. Mostrar todas las entradas
NOÉ, ¿UN PERSONAJE CINEMATOGRÁFICO?
By : El día del Espectador
HIMAR
R. AFONSO
La
última película de Aronofsky es extraña, realmente extraña. Tiene
tintes “de autor”, con todos los matices que queramos darle a
este concepto, aderezados con el potencial de una superproducción.
El
último caso más o menos parecido a Noé (Noah) podría ser
La vida de Pi (Ang Lee, 2012), aunque aquí se podía ver
bastante más claro cómo el potencial visual y los efectos
especiales estaban al servicio de un discurso más o menos
trascendental, articulado a través de reflexiones en off y de un
artefacto audiovisual de alta calidad. En Noé
es diferente, no encontramos esta comunión entre la voluntad de
un discurso complejo y ambicioso y la épica audiovisual respaldada
por las millonarias cantidades a las que se ha acostumbrado
Hollywood. No existe esa comunión y no parece haber relación ni,
por tanto, justificación de esta doble intencionalidad de la obra.
Creo
que podríamos convenir, sin demasiada discusión y sin que se
entienda en un sentido negativo -por lo menos en términos
creativos-, que Noé es una película fallida.
Creo que si, tras la resaca y la contrariedad inicial, somos capaces
de aceptar esto, puede ser interesante reflexionar sobre el “por
qué”. Quizás los motivos del fallo tengan que ver con esta
falta de comunión entre épica y reflexión. A ello se le puede
incluir una serie de decisiones -seguro, difíciles de tomar-
narrativas legítimas, pero verdaderamente arriesgadas, como el
elemento fantástico de su universo: basándose en la premisa de
que el Diluvio da lugar a un nuevo mundo, al nuevo mundo que ahora
conocemos, se podría convenir que el periodo prediluvial constaba de
diferentes elementos, de distintas categorías biológicas o de
criaturas diferentes. El acierto está en plantear esto desde el
minuto uno, para que el espectador tenga claro desde el principio lo
que va a ver; el desacierto, si es que lo hay, es evidente.
Además,
la historia se encuentra con una serie de problemas narrativos en
cuanto al desarrollo que, en parte, parece haber intentado
solventarlos con el elemento fantástico. Por ejemplo, la
construcción del arca; gracias a los gigantes de roca -que pueden
haberlos sacado de El hobbit-, podemos aceptar la creación
del arca; o las hierbas con las que Noé y su familia duermen -hacen
hibernar- a los animales según van llegando. Probablemente,
el verdadero problema esté desde el planteamiento inicial de la
película; resulta difícil querer reflexionar sobre la búsqueda de
la condición humana, de poner a prueba la doble moral del juez, y al
mismo tiempo querer explicitar
“el arca de Noé”. Ése es el origen de todas las problemáticas
de esta cinta. Y por eso no comulgan las dos líneas discursivas -la
reflexión y la épica-, porque no puedes reflexionar sobre la
metáfora
del arca explicitándola.
También
es desconcertante las vueltas que da la película en esta búsqueda
de los conceptos que “El Creador” trata de inculcar a Noé, o los
secretos que Noé intenta encontrar en su interior, para que al final
todo quede en un mensaje dolorosamente simplista o, por lo menos,
trasmitido con una simpleza molestamente didáctica. Y esto,
además, es apoyado por la propuesta formal, dándole un tono “de
cuento” que nada tiene que envidiarle a las biblias infantiles de
dibujos.
![]() |
| La Dinastía de Caín |
Y
por último, la película no funciona en lo narrativo porque,
probablemente, la historia de Noé no sea especialmente
cinematográfica. Dicho a grosso modo: no da para tanto. Es por eso
que incluyan la “épica” batalla -aunque bien sembrada, todo hay
que decirlo, por el prólogo que habla de las dinastías de Set y
Caín- o predecibles tramas de todos los personajes secundarios, tan
bien construidos que con solo verlos la primera vez, ya sabes qué
función va a cumplir cada uno de ellos. Al menos eran buenos
actores.
Esta
cantidad de dificultades narrativas hace que, a ratos, la película
sea incluso aburrida. Sobre todo a partir del Diluvio, donde
asistimos a la asfixiante estancia de Noé y su familia -y el villano
convertido en polizón- y su transformación moral que, siendo el
tipo de producto que es, no había espacio para la incógnita.
![]() |
| Connelly y Crowe, célebre pareja de baile |
No
todo es negativo. Como hemos dicho, el adjetivo “fallida” no
tiene por qué ser peyorativo aquí. Lo cierto es que la película
tiene gusto y tiene personalidad. Tiene buenos actores y buenas
imágenes, pero difícilmente emociona y deja la sensación de estar
todo cogido con pinzas: desde la idea de enlazar la “forma
Hollywood” con el discurso “independiente” hasta la narración
de una historia, creo, muy poco cinematográfica, por lo menos en los
términos que Aronofsky ha planteado.
“PHILOMENA” PUDO SER MÁS, PERO TAMBIÉN MUCHO MENOS
By : El día del Espectador
HIMAR
R. AFONSO
La
última película de Stephen Frears cuenta la historia de una anciana
a la que, 50 años atrás, le arrebataron a su hijo. Ahora, un
periodista en horas bajas, decide contar su historia y ayudarle a
encontrarlo.
Basada
en hechos reales, esta película corría el riesgo de convertirse en,
como suele decirse, un “pastel”, en una historia que hiciera
apología de la justicia y la injusticia, y que juzgase en términos
de buenos y malos. Algo de esto hay, algo de esto se percibe -y,
en realidad, no es impertinente-, pero lo cierto es que resulta
bastante comedida en este sentido, lo cual nos lleva al hecho de que
sea una cinta con cierta falta de intensidad.
A
través de un exquisito uso de la comedia y de su forma de
complementarla con el drama, se construye un discurso fresco y
vitalista, con un tratamiento “relajado”, diría, que evita que
se enrede en la lágrima fácil o en el enjuiciamiento incontestable.
Las monjas, que en este caso son las “malas de la película”,
reciben el ataque del periodista (y la película no las salva
tampoco), pero obtienen el beneficio de la transparencia, del
no-juicio por parte de la protagonista, quien nunca olvida que su
objetivo es su hijo, saber qué vida ha llevado.
![]() |
| Las dimensiones que otorga Judi Dench |
Lo
más interesante es el personaje de ella, que pasados los años
sigue teniendo interiorizado el sentimiento de culpa y el pecado, y
que constantemente “disculpa” la actuación de las monjas o las
razones que les dan de por qué no pueden ayudarles, o la buena vida
que llevó su hijo y que ella no le hubiese podido dar. Lo más
acertado de la película -y buena parte de la responsabilidad es de
Judi Dench- es la exploración de las dimensiones de Philomena,
que resulta ser un personaje carismático, entrañable y poderoso.
Su forma de reflexionar sobre los patrones culturales que han regido
su comportamiento, es ilustrativa de lo que supone enfrentarse a la
búsqueda de tu descendencia, y a la legitimidad cultural -cristiana-
de los comportamientos naturales -es interesante la forma en que
Philomena habla del sexo- y de los comportamientos ideológicos.
![]() |
| Novelas románticas |
Por
su parte, el personaje del periodista, si bien supone una gran
interpretación de Steve Coogan, resulta más soso. Quizás el
fallo esté en pensar que la película trata de ambos personajes y
del recorrido -inverso- que se supone deben hacer, pero es difícil
no plantearse la historia así cuando ambos van de la mano en esta
lucha. Al final, más allá de esto, lo que parece claro es que
la película tiene pocos “peros”, salvo que al ser tan
políticamente correcta, le ha faltado algo de emoción. Con una
premisa así, podía haber sido un desastre monumental o una obra
mayor; Philomena es, al final, una película que
está bien.
"JUAN SOLDADO PASÓ POR AQUÍ"
By : El día del Espectador
HIMAR
R. AFONSO
Hace
unos años que la ficción televisiva española está teniendo cierta
relevancia en el contexto europeo e, incluso, en el americano. Es
evidente que las cadenas generalistas están invirtiendo dinero en
grandes producciones a las que el público responde con asombrosa
fidelidad. Solo hace falta esperar un poco hasta que se hagan
realidad las predicciones que afirman la consolidación, más tarde o
más temprano, de los canales de pago, para empezar a ver
producciones del corte de las que nos llegan de la televisión de
pago norteamericana, cuyos únicos casos en España hasta el momento
son algunos como Crematorio, de Jorge Sánchez-Cabezudo,
o ¿Qué fue de Jorge Sanz?, de David Trueba, los
cuales no he tenido el placer de ver aun.
![]() |
| "¡Juan Soldado ni debe ni teme!" |
Este
artículo tiene la humilde intención de recordar que la ficción
televisiva española tiene también su historia y obras únicas que
merecen la pena tener en cuenta. Una de esas piezas -no vamos a
realizar un recorrido histórico de la televisión en España- es
Juan Soldado, un mediometraje que se emitió en TVE en
1973, escrito por Lola Salvador y protagonizado y dirigido por
Fernando Fernán-Gómez.
Esta
obra experimental dio suficiente crédito a sus responsables como
para recibir una nueva oferta de contrato que daría lugar, un año
después, a la célebre El pícaro. Así, diría que es muy
interesante pararse a atender este objeto único, sin precedente ni
comparación.
Juan
Soldado vuelve a la madre patria a cobrar sus 24 años de servicio al
Rey, pero resulta que solo tiene derecho a una libra de pan y seis
maravedíes. Aún así, muestra enorme caridad compartiendo sus pocas
posesiones con Jesús y San Pedro, que en varias ocasiones le piden
limosna. Su gran generosidad hará que le recompensen otorgándole un
poder del que Juan Soldado se aprovechará para hacer frente al Mal y
para revelarse contra el Cielo, en su cerrado sistema de entrada.
![]() |
| Fernán-Gómez y Juan Soldado, dos grandes |
En
términos generales, diría que Juan Soldado es una
obra revolucionaria. Primero, pese a su mala fortuna, muestra
bondad con los más necesitados, y cuando consigue un gran poder (ese
magnífico morral), lo utiliza para darse a la buena vida, aunque sin
hacerle mal a nadie. Resulta que en este cambio, su moralidad se pone
en entredicho, mostrando las diversas facetas de la condición
humana; pero su carácter natural, su falta de malicia y sus fuertes
convicciones, hacen de él un personaje entrañable y sólido; más
aun cuando, luchando por sus propios intereses, consigue que todas
las almas atemporales -vemos gente de todas las épocas,
quizás porque el concepto de “tiempo” no tiene sentido más allá
del mundo terrenal- que esperan en esa sala, a las puertas del Cielo,
peleen unidos, y hace la lucha de todos ellos su propia lucha. Se
convierte en un personaje que adquiere, a través de las canciones,
el carácter mítico, el de alguien que cambió las cosas, que
las cambió como el viento cambia la posición de las flores, sin que
nadie más le vea, sin que nadie más de fe de su obra, como si no
hubiera pasado.
Se
trata de una pieza formidable, que nada tiene que envidiarle a El
ángel exterminador de Buñuel, y de la cual no está mal hablar
de vez en cuando. La obra, como su personaje, responde a las
canciones de los niños que, de la mano y bailando en corro,
cantaban: “Juan Soldado pasó por aquí, y yo no le vi... y yo
no le vi”.










