Posted by : El día del Espectador marzo 19, 2014

EL DÍA DEL ESPECTADOR
Los felices años 20. Mientras Estados Unidos se las prometía felices en una década de bonanza económica y liberación social, la Europa de entreguerras trataba de recuperarse de las secuelas del primer conflicto bélico a escala mundial. Las vanguardias estaban en su apogeo con París como su epicentro y el arte avanzaba a pasos agigantados. En este variopinto contexto, el cine parece consolidarse como una nueva forma de expresión para algunos artistas europeos, pero también como una gran industria del entretenimiento por explotar al otro lado del Atlántico.

Los años 20 suponen para el séptimo arte su primer primer gran paso, convirtiéndose poco a poco en un medio cercano a la gente, en un soporte para contar historias y no tanto en una curiosidad de feria. Imágenes en movimiento, en blanco y negro y sin sonido hasta 1927 (o1926 según hallazgos de los últimos años), ése era el cine de los veinte. Pero también un joven formato que buscaba conocerse y conocer el mundo, en el que había miles de historias por contar, encuadres que hacer, personajes que mostrar, planos que encajar…

El cine de los años veinte era un joven prometedor con todo el mundo por delante.


Los Cuatro Cocos (Joseph Santley y Robert Florey, 1929)

En 1929, cuando la década acabado y la crisis se acercaba, los Hermanos Marx dieron el salto a la gran pantalla con su comedia musical “Los cuatros cocos”. Considerándose de las primeras adaptaciones de musical a cine. Pero no sólo es importante por ésto, sino que dio comienzo a la magnífica carrera cinematográfica de estos hermanos nacidos para el humor.
La trama nos lleva a Florida, a un hotel en bancarrota, con un director (Groucho) que no hace nada para remediarlo y unos huéspedes (Chico y Harpo) que se lo pondrán más difícil.
Claro está que no es la mejor de los Hermanos Marx, aun quedan unas pocas, para definen bien su humor, pero por algo tenían que empezar, ¿no? Por lo tanto 1929 se convierte en un año esencial para esta familia, la cual comienza su magnífico paso por delante de las cámaras haciendo reír al mundo entero con sus gags refinados y absurdos, al mismo tiempo. Algo único que nadie ha podido imitar.


El Acorazado Potemkin (Sergei Eisenstein, 1925)
Toda persona que haya estudiado cine o tenga algún profesor entendido del tema, le habrá obligado a ver esta película. Es un visionado obligatorio en todos los sentidos. Y mucha gente dirá que la ha visto sin haberlo hecho… pero ¿por qué es tan obligatoria?
Este film (y el movimiento cinematográfico que lo precede) creó las bases del montaje en el cine. Es decir, creo los puntos y las comas de este lenguaje audiovisual.
Sergéi Eisenstein nos dejó grabadas en nuestra retina e imaginario colectivo, escenas tan famosas como la de “las escaleras”. Escena repetida hasta la saciedad en todo film que se aprecie: “Los intocables de Eliot Ness”, “Los Simpsons”...
Sin duda esta película marcó un antes y después en la manera de contar las historias y creo referencias culturales muy marcadas, las cuales han sido repetidas hasta hoy en día.


La quimera del oro (Charles Chaplin, 1925)

Si hay algo reconocible de la era del cine mudo, es Chaplin; o Charlot, ya que difícil es separar al personaje del genio, y viceversa. Y en la década de los 20, son varios los títulos de importancia que dejó. Aquí nos decantamos por La quimera del oro, probablemente una de las comedias más importante de todos los tiempos. No solo el hecho de que la avaricia -y la fiebre del oro- sea un tema trascendental en la historia norteamericana -con diversas películas como testimonio, desde John Huston hasta Paul Thomas Anderson-, sino que la ironía y la burla que se percibe en la cinta de Chaplin, era tan avanzada en su tiempo como singular sigue siendo hoy en día. Una comedia única, brillante y perteneciente a ese “arte físico” que unos pocos elegidos sabían desarrollar, y que tenía mucho más de talento innato que de técnica. Simplemente con ver a Charlot comiéndose el zapato, entendemos lo inmenso que podía llegar a ser su cine.


Metrópolis (Fritz Lang, 1927)
Quizás la primera película de Ciencia-Ficción que entendió el potencial épico del género. La posibilidad de presentar un futuro apocalíptico como metáfora de una sociedad corrompida, la lucha de clases y la revolución social como única salida. Y llevada a cabo por el hijo del dueño de la ciudad... ¿quién, si no, debía ser el elegido? No puede entenderse la Ciencia-Ficción sin la obra del cineasta alemán, y no deja de ser sorprendente que en 1927 se plantearan relatos de esta potencia dramática, de esta carga social y de esta fuerza narrativa. Con la estética del expresionismo alemán, el trabajo de puesta en escena es embaucador, estilizado y plástico. Otra de esas grandes obras de arte que perduran en la historia por lo que fueron, pero sobre todo por su longevidad, por lo que siguen siendo.


Häxan: La brujería a través de los tiempos 
(Benjamin Christensen, 1922)
Häxan es una de esas películas que a veces tristemente se olvidan cuando hablamos de clásicos del cine mudo y siempre es una tarea grata reivindicarla por ser un film totalmente valiente, fresco y original. Para empezar, estamos hablando de una delirante película de terror con toques de falso documental basado en un relato de inquisidores alemanes del siglo XV. Dividida en siete capítulos, se hará un repaso exhaustivo de lo que es la brujería y su violenta represión (mensaje que se puede extrapolar a otros colectivos) y  lo hará con un virtuosismo hipnótico. Muchas de sus escenas se graban a fuego en la retina gracias a unos fascinante efectos especiales que te harán ver a un grupo de brujas volando, un pequeño demonio destrozando una puerta o una de las apariciones más icónicas del Maligno en el cine. La fuerza de las imágenes terroríficas del danés Benjamin Christensen está a medio camino entre las linternas mágicas fantasmagóricas y el cine de Dreyer o del posterior Bergman de El séptimo sello. Unas imágenes tan alucinantes que las películas se reestrenó con éxito en los 60, en pleno apogeo del LSD, con un remontaje con música de jazz y narrado por…¡William S. Burroughs!

En resumen, una visión de la brujería y el satanismo como pocas veces se ha visto en el cine, más próximo a las mejores obras de Kenneth Anger que del satanismo light que nos ofreció Rob Zombie en la simpática The Lords of Salem.
Steamboat Willie (Walt Disney y Ub Iweks, 1928)
Vale que antes estaba Alice (raruna y deliciosa mezcla de animación e imagen real) y Oswald (personaje que desapareció cuando Disney perdió los derechos del personaje en favor de Charles Mintz), pero un ratón fue el origen como tal de un Imperio: el Imperio Disney. Eso sí, en contra de lo que muchos creen, no fue la primera aparición de Mickey y Minnie Mouse. Anteriormente, se produjeron dos cortometrajes con la pareja de ratones como protagonistas: Plane Crazy (1928) y Gallopin´ Gaucho (1929). El primero tuvo problemas con la distribución y el segundo fue estrenado después de Steamboat Willie. El cortometraje del barco de vapor, supuso todo un hito en la Historia del cine puesto que se trata del primer cortometraje animado que sincronizó imagen y sonido. La historia cuenta que Walt Disney y Ub Iwerks (el olvidado en toda la historia de la Disney) quedaron fascinaron tras ver El cantor de Jazz y querían repetir algo similar. Así nació este sublime hito de la animación cuyo nombre es una parodia de la comedia de Buster Keaton Steamboat Bill Jr. (1928).

Un corto en el que queda en el recuerdo la parte en el que un Mickey Mouse con mala leche, acompañado de Minnie,  improvisan música con unos pobres animalitos en un momento slapstick que demuestra que una patada en el culo sigue siendo más divertida y atemporal que todos los juegos de palabras del mundo. Un cortometraje histórico que ingresó en 1998 en el National Film Registry.


Siete Ocasiones (Buster Keaton, 1925)
Buster Keaton es el mejor comediante físico de todos los tiempos. Con un humor que no pasa de moda y ayudado por una época en la que no existían las reglas, los riesgos laborales en el cine y ser especialista era una profesión tan apasionante como mortal (ahí está el fantástico homenaje a esos héroes en The Fall, 2006).

En menos de una hora (para que se necesita más) Keaton nos contará con un ritmo frenético las andanzas de un joven obligado a casarse para obtener una herencia. Carreras, saltos, persecuciones, risas continuas y la salud física puesta en peligro en cada acrobacia. La prueba indeleble de lo atemporal del humor de Keaton es que sigue funcionando igual de bien hoy en día y no hay nada mejor para entretener a un niño durante una hora.


Amanecer (F.W. Murnau, 1927)
En el mismo año que El cantor de Jazz traía el sonido al cine se estrenaba Amanecer. Considerada por muchos como una de las grandes películas de la historia, la obra de Murnau muestra la perfección alcanzada por el cine mudo con una cantidad de registros obligados por la necesidad de contar únicamente con imágenes. Una preciosa historia de amor y pasiones de la que han bebido innumerables películas posteriores.

Poesía y lirismo en manos de unos de los maestros del expresionismo alemán, que demuestra aquí uno de los primeros ejemplos de lo que la industria norteamericana del cine consigue cuando une su enorme potencial a los mejores talentos europeos. Una colaboración que ha dado numerosos frutos a lo largo de la historia del cine y que se traduce en una sola palabra: arte.


El gabinete del Dr. Caligari (Robert Wiene, 1920)
En pleno auge en pintura y literatura, el movimiento expresionista encontró en Robert Wiene el perfecto traductor de ese sorprendente imaginario a imágenes en movimiento. Decorados que deforman el espacio escénico, interpretaciones histriónicas y dramáticas, un maquillaje casi pictórico y un formidable uso de la luz convierten a El gabinete del Dr. Caligari en el primero y máximo representante de un movimiento imprescindible de la cinematografía europea. La forma en que la realidad se deforma y toma tintes misteriosos, inquietantes y perversos altera la percepción del espectador, que se siente extraño pero morbosamente fascinado por ese universo. Nada es lo que parece y todo puede inducir a engaño. Por prácticamente vez primera una película abrió el debate sobre el cine como arte o entretenimiento. Y si el debate se abrió, solo significa una cosa: el cine es un arte al nivel de la pintura o la literatura. Si no, díganselo a Robert Wiene.
Un perro andaluz (Luis Buñuel, 1929)
En una década marcada por un grandísimo deseo de abandonar préstamos de otras artes y encontrar un lenguaje puramente cinematográfico, Luis Buñuel y Salvador Dalí alumbraron una de las obras más polémicas y turbadoras que se han hecho: Un perro andaluz. En cierta ocasión, allá por 1929, Buñuel se reunió con su amigo Dalí para hacer una película. Su premisa al escribir el guión fue la siguiente: ninguna de las imágenes debe tener una explicación racional. Así, sugerencia tras sugerencia, entre los dos escribieron una “historia” (si es que lo es) plagada de hechos incomprensibles como burros descompuestos sobre pianos, manos amputadas en cajas y, sobre todo, ojos seccionados por navajas. La polémica fue instantánea y el éxito inevitable. Había nacido uno de los mayores cineastas de la historia. Y Un perro andaluz sería solo la primera de sus provocaciones.


Desde Buñuel hasta Disney, pasando por Buster Keaton o Fritz Lang, ese era el cine de los años veinte. Quizá las películas que hayamos elegido no sean las mejores, ni las más impescindibles, pero son las diez que hemos elegido porque tienen algo que las hace especiales, y referentes de su época. Otras muchas han quedado fuera, porque todo tiene que acabar en algún punto.

Lo que es evidente es que por ajeno que nos pueda resultar un cine de hace noventa años, uno puede reírse como lo haría alguien de hace un siglo con una película de Chaplin , estremecerse con el corte en el ojo de Un perro andaluz o sufrir con el carrito cayendo por las escaleras de El acorazado Potemkin, porque las obras maestras no tienen fecha de caducidad.

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  1. Geniales La primera de los Marx y La Quimera de oro. Lo de que keaton sea el mejor comediante es discutible xd. Un perro Andaluz imprescindible.

    Jorge

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  2. Como siempre, hay tantos gustos como personas en el mundo. Y es bastante difícil intentar resumir una década en 10 películas. Ver "El maquinista de la general" te hace tener pocas dudas sobre lo de Keaton. Pero ojo, decimos el mejor cómico físico. Saludos

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  3. Todavía sigo esperando el ranking de las otras décadas :))

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