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NOÉ, ¿UN PERSONAJE CINEMATOGRÁFICO?

By : El día del Espectador
HIMAR R. AFONSO


La última película de Aronofsky es extraña, realmente extraña. Tiene tintes “de autor”, con todos los matices que queramos darle a este concepto, aderezados con el potencial de una superproducción.


El último caso más o menos parecido a Noé (Noah) podría ser La vida de Pi (Ang Lee, 2012), aunque aquí se podía ver bastante más claro cómo el potencial visual y los efectos especiales estaban al servicio de un discurso más o menos trascendental, articulado a través de reflexiones en off y de un artefacto audiovisual de alta calidad. En Noé es diferente, no encontramos esta comunión entre la voluntad de un discurso complejo y ambicioso y la épica audiovisual respaldada por las millonarias cantidades a las que se ha acostumbrado Hollywood. No existe esa comunión y no parece haber relación ni, por tanto, justificación de esta doble intencionalidad de la obra.

Creo que podríamos convenir, sin demasiada discusión y sin que se entienda en un sentido negativo -por lo menos en términos creativos-, que Noé es una película fallida. Creo que si, tras la resaca y la contrariedad inicial, somos capaces de aceptar esto, puede ser interesante reflexionar sobre el “por qué”. Quizás los motivos del fallo tengan que ver con esta falta de comunión entre épica y reflexión. A ello se le puede incluir una serie de decisiones -seguro, difíciles de tomar- narrativas legítimas, pero verdaderamente arriesgadas, como el elemento fantástico de su universo: basándose en la premisa de que el Diluvio da lugar a un nuevo mundo, al nuevo mundo que ahora conocemos, se podría convenir que el periodo prediluvial constaba de diferentes elementos, de distintas categorías biológicas o de criaturas diferentes. El acierto está en plantear esto desde el minuto uno, para que el espectador tenga claro desde el principio lo que va a ver; el desacierto, si es que lo hay, es evidente.

Además, la historia se encuentra con una serie de problemas narrativos en cuanto al desarrollo que, en parte, parece haber intentado solventarlos con el elemento fantástico. Por ejemplo, la construcción del arca; gracias a los gigantes de roca -que pueden haberlos sacado de El hobbit-, podemos aceptar la creación del arca; o las hierbas con las que Noé y su familia duermen -hacen hibernar- a los animales según van llegando. Probablemente, el verdadero problema esté desde el planteamiento inicial de la película; resulta difícil querer reflexionar sobre la búsqueda de la condición humana, de poner a prueba la doble moral del juez, y al mismo tiempo querer explicitar “el arca de Noé”. Ése es el origen de todas las problemáticas de esta cinta. Y por eso no comulgan las dos líneas discursivas -la reflexión y la épica-, porque no puedes reflexionar sobre la metáfora del arca explicitándola.

También es desconcertante las vueltas que da la película en esta búsqueda de los conceptos que “El Creador” trata de inculcar a Noé, o los secretos que Noé intenta encontrar en su interior, para que al final todo quede en un mensaje dolorosamente simplista o, por lo menos, trasmitido con una simpleza molestamente didáctica. Y esto, además, es apoyado por la propuesta formal, dándole un tono “de cuento” que nada tiene que envidiarle a las biblias infantiles de dibujos.

La Dinastía de Caín
Y por último, la película no funciona en lo narrativo porque, probablemente, la historia de Noé no sea especialmente cinematográfica. Dicho a grosso modo: no da para tanto. Es por eso que incluyan la “épica” batalla -aunque bien sembrada, todo hay que decirlo, por el prólogo que habla de las dinastías de Set y Caín- o predecibles tramas de todos los personajes secundarios, tan bien construidos que con solo verlos la primera vez, ya sabes qué función va a cumplir cada uno de ellos. Al menos eran buenos actores.

Esta cantidad de dificultades narrativas hace que, a ratos, la película sea incluso aburrida. Sobre todo a partir del Diluvio, donde asistimos a la asfixiante estancia de Noé y su familia -y el villano convertido en polizón- y su transformación moral que, siendo el tipo de producto que es, no había espacio para la incógnita.
Connelly y Crowe, célebre pareja de baile
No todo es negativo. Como hemos dicho, el adjetivo “fallida” no tiene por qué ser peyorativo aquí. Lo cierto es que la película tiene gusto y tiene personalidad. Tiene buenos actores y buenas imágenes, pero difícilmente emociona y deja la sensación de estar todo cogido con pinzas: desde la idea de enlazar la “forma Hollywood” con el discurso “independiente” hasta la narración de una historia, creo, muy poco cinematográfica, por lo menos en los términos que Aronofsky ha planteado.

“PHILOMENA” PUDO SER MÁS, PERO TAMBIÉN MUCHO MENOS

By : El día del Espectador
HIMAR R. AFONSO


La última película de Stephen Frears cuenta la historia de una anciana a la que, 50 años atrás, le arrebataron a su hijo. Ahora, un periodista en horas bajas, decide contar su historia y ayudarle a encontrarlo.

Basada en hechos reales, esta película corría el riesgo de convertirse en, como suele decirse, un “pastel”, en una historia que hiciera apología de la justicia y la injusticia, y que juzgase en términos de buenos y malos. Algo de esto hay, algo de esto se percibe -y, en realidad, no es impertinente-, pero lo cierto es que resulta bastante comedida en este sentido, lo cual nos lleva al hecho de que sea una cinta con cierta falta de intensidad.

A través de un exquisito uso de la comedia y de su forma de complementarla con el drama, se construye un discurso fresco y vitalista, con un tratamiento “relajado”, diría, que evita que se enrede en la lágrima fácil o en el enjuiciamiento incontestable. Las monjas, que en este caso son las “malas de la película”, reciben el ataque del periodista (y la película no las salva tampoco), pero obtienen el beneficio de la transparencia, del no-juicio por parte de la protagonista, quien nunca olvida que su objetivo es su hijo, saber qué vida ha llevado.

Las dimensiones que otorga Judi Dench
Lo más interesante es el personaje de ella, que pasados los años sigue teniendo interiorizado el sentimiento de culpa y el pecado, y que constantemente “disculpa” la actuación de las monjas o las razones que les dan de por qué no pueden ayudarles, o la buena vida que llevó su hijo y que ella no le hubiese podido dar. Lo más acertado de la película -y buena parte de la responsabilidad es de Judi Dench- es la exploración de las dimensiones de Philomena, que resulta ser un personaje carismático, entrañable y poderoso. Su forma de reflexionar sobre los patrones culturales que han regido su comportamiento, es ilustrativa de lo que supone enfrentarse a la búsqueda de tu descendencia, y a la legitimidad cultural -cristiana- de los comportamientos naturales -es interesante la forma en que Philomena habla del sexo- y de los comportamientos ideológicos.

Novelas románticas
Por su parte, el personaje del periodista, si bien supone una gran interpretación de Steve Coogan, resulta más soso. Quizás el fallo esté en pensar que la película trata de ambos personajes y del recorrido -inverso- que se supone deben hacer, pero es difícil no plantearse la historia así cuando ambos van de la mano en esta lucha. Al final, más allá de esto, lo que parece claro es que la película tiene pocos “peros”, salvo que al ser tan políticamente correcta, le ha faltado algo de emoción. Con una premisa así, podía haber sido un desastre monumental o una obra mayor; Philomena es, al final, una película que está bien.

TRUE DETECTIVE: LOS ÁRBOLES NOS IMPIDEN VER EL BOSQUE

By : El día del Espectador
ÁLVARO TEJERO



True Detective lo tenía todo para ser una gran serie: el actor del momento (con esto no quiero dejar de lado a Woody Harrelson), unos avances misteriosos y espectaculares, un único guionista y un solo director para los 8 capítulos, la marca HBO y unas críticas soberbias desde su primer capítulo. Esa es la sensación general que ha quedado, ayudado con una campaña de seguimiento y ensalzamiento en las redes sociales brutal, a pesar de que en opinión de quién escribe el último capítulo es un desastre que termina acentuando los errores de los capítulos previos y destruyendo sus anteriores aciertos.

Primero hay que hablar del enorme hype que ha creado convirtiéndose semana a semana en un acontecimiento de obligado visionado para no quedarse aislado. True Detective ha aparecido en el momento perfecto, en medio del vacío que había dejado Breaking Bad. Era necesaria otra serie que ocupara su lugar como centro de atención y locura seriéfila; lo que unido a la desesperación de HBO por encontrar otro producto que la situara en la élite cultural del momento (Juego de Tronos no es eso, Treme es para una minoría y Boardwalk Empire nunca ha conseguido los resultados esperados por la cadena) han provocado el boom inmediato de la serie.
Mathew ganará el Emmyy el Globo de Oro sin ninguna duda

Además, su estreno ha coincidido con unas fechas en las que las series de las que más se habla estaban descansando por lo que ha sido abrazada con locura por todos los medios y analistas de series. La única que podía hacerle frente en estos momentos era House of Cards, pero la táctica de emisión de Netflix (todos los capítulos disponibles de golpe) le ha perjudicado mediáticamente en está ocasión a pesar de subir ampliamente su nivel. Así, True Detective ha desmontado la creciente idea de que la emisión de series de manera semanal estaba acabada ya que de otra manera no habría conseguido la popularidad alcanzada al lograr convertirse en un evento.

Pasemos a la serie en sí. La serie creada por Nic Pizzolatto se presentó en su primer capítulo como una historia sobre la investigación de un asesino en serie ritual de jóvenes mujeres por medio de dos detectives totalmente antagónicos capaces de mantener conversaciones metafísicas y discutir sobre nada más y nada menos que el sentido de la humanidad y todos sus recovecos. De hecho, lo segundo es la parte más importante de la serie y lo que ha terminado por hundirla. Todo esto mezclando dos tiempos narrativos: conocemos el pasado por lo que nos cuentan en el presente.

Una atmósfera agobiante (pero no tanto como se pretende), los pegajosos escenarios de Louisiana ejerciendo de personajes, una fotografía espectacular, actuaciones magnéticas y profundas, una dirección con pretensiones (habitual en Fukunaga), un diseño de producción acojonante y sobre todo una selección musical a cargo de T Bone Burnett sencillamente perfecta que culmina con la canción de los increíbles títulos de crédito iniciales. A esto le unimos momentos enigmáticos, ligeras críticas al fanatismo religioso, el desnudo de Alexandra Daddario y un plano secuencia tan espectacular como artificial; y ya tenemos un coctel explosivo que arrasará con todo.


Pero yo no creo que esos elementos hagan una buena serie por si solos. Se necesita una buena historia, un guión sólido (no confundir con grandes frases y conversaciones grandilocuentes),un fondo que convierta esa forma en algo útil. Algo que si hacía Texas Killing Fields, película del 2011 que hablaba sobre estos crímenes que se dan en las zonas pantanosas con mucha mayor solidez.

Ya que True Detective quiere jugar en las grandes ligas y se la observa como tal hay que analizarla igual. El caso, misterio/crímen que presentan e investigan se va derrumbando con el paso de los capítulos. No ya solo que no sea lo principal de la serie (esto no es en absoluto negativo) ni que no le importe mucho a los creadores de la misma; el principal problema es que termina resolviéndose de manera chapucera sin ahondar en él, resuelto atropelladamente y lleno de casualidades que no se perdonarían en cualquier otra producción.

Durante los primeros capítulos juegan a despistar al espectador con 50 minutos centrados en los personajes principales y teorías sobre el universo que requerían toda tu atención para acabar en los últimos 5 con algún dato nuevo que nos pilla en fuera de juego y aparenta hacer avanzar el caso. A esto se le une momentos y frases como "the yellow king" o "carcosa", que sí, molan mucho, referencias para que la gente se coma la cabeza pero que no han tenido realmente ninguna fuerza o importancia en la resolución de la trama.

Perfecta factura técnica

SPOILERS  a partir de aquí:

Si bien los personajes de McConaughey y Harrelson están perfectamente construidos, el primero termina convirtiéndose en un superpolicía (es el mejor en homicidios, narcóticos, robos) y ambos acaban resolviendo el caso casi por inspiración divina.

Y llegamos por fin al desastroso último capítulo en el que el ritmo sosegado anterior da paso a un atropello de los acontecimientos para resolver el caso (el increíble recordatorio de Harrelson de la casa pintada de verde, la frase lapidaria de Rust al llegar a la casa del asesino: "este es el sitio") en el que aparecen lo peor (esto hay que saber hacerlo) de Jodorowsky y Moebius puesto de peyote para acabar viendo las estrellas, voces de ultratumba y un enemigo de fuerza mitológica en una orgía de excesos de todo tipo. Antes ya habíamos tenido que asistir a tonterías del calibre del francotirador y lugares comunes como los paquetes preparados para los medios de información.

Esta escena tuvo casi tanta repercusión como un capítulo entero
Pero esto no es lo peor, aun olvidando que no se ahonda en el asesino que no se nos presenta al final del capítulo previo en un recurso impropio de una serie que pretende ser tan inteligente (le habíamos visto en el capítulo 2 pero sin mostrar cicatrices de forma clara), ni que Pizzolatto pase de las conexiones con los altos cargos administrativos y centros de poder (muy valientes para mostrar desnudos pero cobarde para meterse en temas de verdad escabrosos) o que nos escamotea lo que pase en esa cinta que tanto perturba a los personajes. En resumen, han resuelto el caso como si no conocieran la existencia de David Fincher y como había cambiado ya las reglas del juego en Seven y Zodiac (dos películas que si te remueven por dentro)


Lo peor es la cobardía final, ese inesperado happy ending que traiciona la visión de los personajes (de Rusty Cohle principalmente) e intenta ofrecer un rayo de luz después de 7 horas hablándonos de la oscuridad del mundo y de la imposibilidad de salvación de las personas. Cohle se salva milagrosamente, obtiene su redención personal (al final lo único que quiere es unirse con su hija en el cielo aunque este sea oscuro en su caso, no vayamos a abrazar la religión en este punto) y parece que se vaya a vivir con Marty en una especie de Arma Letal en Louisiana. Ahora resulta que la luz está ganando terreno a la oscuridad. Una cobardía que no me esperaba de esta serie.

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